miércoles, 12 de diciembre de 2012

12/12/12

Doce del doce del doce, no hay mejor día para morir, el sitar se queda callado y los unos acaban su pentagónica danza.  El eterno glissando incesante de unos y doses y el frenético raga componen juntos una nueva melodía que es incierta a la vez que monótona. Sus notas distorsionan entre cinco y nueve y la cascada de vibratos y chasquidos fríos como el metal se intercalan con la calidez y la blancura de la teca. Este ave también voló, solo como el uno y sincero como el dos.
Doce del doce del doce, no hay mejor día para brotar, el sitar vuelve a empezar y con él los unos y los doses vuelven a danzar:

Unos y doses, doses y unos y la pertinaz lucha de cuándo ser uno y cuándo ser dos/
Unos y doses, doses y unos y el cuándo uno más uno suman dos/
Unos y doses, doses y unos y la absurda repetición de cuándo ser uno y cuándo ser dos.




 


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