miércoles, 20 de agosto de 2014

El libro de la memoria


Recuerdas que te dije que nunca volvería...
Mi cuerpo estaba cansado de guerras civiles, desangrado por las agujas de un reloj que siempre marcaba horas de más pero que nunca marcaba un camino que transitar. Sin embargo, cuando di el primer paso, cuando mi pie se posó en aquella escalera metálica y respiré aquel olor supe de verdad que nunca iba a volver, porque en realidad nunca me había marchado.

Esperaba con ansia el momento, no sé si fui yo el que lo busque o simplemente vino sin avisar, pero sé que me cogió con el cuerpo cansado, muy cansado tras varios días agotadores. No necesitaba abrirlo para saber que había en su interior, lo sabía desde el día en el que me aferré sollozante a tu cintura, lo escondí en un cajón y traté de olvidarlo, quería que conservara toda su magia, todo su amor y su ilusión, como intentando que nunca se rompiera el hechizo. Quería reservarlo para todos aquellos días en los que el mundo no funcionara, quería tenerlo cerca al sentirme lejos y que fuese mi memoria contra el olvido. Esta ha sido sin duda la vez que más me ha costado escribir, el poder darle un significado, una forma a tantos pensamientos y a tanta gente, y sé que no le hace justicia, es imposible plasmar algo comparable a lo que yo siento porque las palabras rozarían la banalidad y el sinsentido, uno necesita saber qué siente cuando escribe, pero ¿qué escribes cuando es tanto lo que sientes? Sea así, que estas líneas, que estas palabras se las lleve el viento, que se las quede, que se pierdan en la memoria o en el olvido, porque ahora sé que hay algo que ni si quiera el tiempo puede arrastrar...

Seguramente míos quiero que sean estos recuerdos, seguramente mis labios no os lo digan, seguramente me muera de ganas por decirlo y no lo haga, pero sin duda, ahora y siempre ya lo habré hecho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario