martes, 28 de octubre de 2014

Cera bajo nuestros pies


Y de pronto y en medio de aquel ruido firme y aparquetado vino ella con su falda de vinilo y sus tacones de aguja a juego, se agachó tan lentamente que creí consumirme. Con su mano izquierda apartó su cabello castaño, se acercó, me miró, y simplemente, sopló y me dejó a oscuras.
Y quisiera haber estado borracho sentado en aquel sofá, quisiera haber tenido algo de qué hablar antes de estar allí una vez más, intentando estar y no estando. Un vaso de agua en la mano y unas palabras que buscaban unos oídos, no los míos. La música atravesaba aquellas paredes que parecían de papel, ritmos sin ritmo venían de todas partes, y palabras y risas, y mientras tú y yo derretíamos el suelo de cera bajo nuestros pies, y en llamas miraba tu incandescente danza, y yo quería danzar contigo, fundirme contigo, desvanecerme.
Y de tu cuerpo me llegaba el dulce aroma de sudor mezclado con coco y me hipnotizaba, me embriagaba, quería beber, beberte hasta que desapareciera toda esa agua de tu interior, y mientras te deseaba notaba el viento de todas partes mecer nuestros delicados cuerpos tan breves tan fugaces como aquel segundo en el fondo de tus ojos y tan efímero como tu voz susurrándome al oído palabras mudas. Y quizás fue tu suspiro exhausto de bailar a la luz de la vela la brisa azarosa que me acercó a tu cuerpo, la que hizo que te besara en los labios cuando ya nada podía separarnos ni detenernos, y nuestros pábilos se hicieron uno solo y me deje llevar por tus ojos y tu cuello, por tus manos, por tu pecho desnudo, por tu respiración acompasada en mi rostro, por aquella brisa caprichosa, y por todas las noches en vela.
Y allí estaba yo, imaginándote, imaginándonos, en todas y cada una de esas noches, iluminando el espacio, sudando parafina, derritiendo el suelo de cera bajo nuestros pies,  pensando en que esa luz que desprendíamos. Esa luz que quebraba las sombras de la pared se iba a quedar allí para toda la eternidad, en ti y en mí,  y en medio de aquel silencio vino ella, se acercó, me miró, y simplemente, sopló, y me dejó a oscuras.

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