miércoles, 24 de diciembre de 2014

El vuelo de la imaginación


No te conozco y estás a mi lado, no se tu nombre ni tú sabes el mío, mejor así.
Un aeropuerto y muchos aviones, miles de personas que llegan a casa, unos que se van y otros, que como yo simplemente van a algún lugar, en medio, que no saben si dejan su hogar o si simplemente vuelven a él. 
El azar más afortunado quiso que te sentaras a mi lado. Creo recordar que tenías unas manos perfectas y el pelo rubio, a la luz de la oscuridad cavilaba la suavidad de tu rostro, se que te olvidaré y precisamente por eso escribo. 
Pasamos muchas horas juntos e incluso intercambiamos palabras, vanas, redundantes. Y quizás fuesen los minutos o los nervios, o quizás fue que añore el sonido tan natural y despreocupado de mi lengua materna después de tanto tiempo, pero me gusto estar a tu lado, te vi llorar y sonreír, todo en un suspiro que será mañana y eternidad, que es ahora, en este avión, en este enésimo segundo de pesados ojos e insomnio sin remedio. 
Y es curioso lo lejano de estas palabras y la cercanía con la que te escribo.

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