miércoles, 17 de enero de 2018

Budapest - Múnich (3)


Sentía cierta complicidad con aquel muchacho, tendría no más de 35 años y me lo imaginaba llegando a un país, a cualquiera, sin nombres, qué más da. Imaginé que trabajaría en algún mercado, de frutero, de panadero, de lo que otros no quisieran. Me gustaba pensar que caminando por sus nuevas calles alguna vez sonreiría, que saludaría a sus nuevos amigos y vecinos, que se iría a casa cansado, triste, maldiciendo su suerte, pero orgulloso por el trabajo hecho, bien hecho y con algo de dinero en el bolsillo. Quería creer que alguna vez aquellos ojos se fijarían en alguien, que encontraría a sus ojos opuestos, y se hablarían, y pasearían, y se querrían. 

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